He aquí un texto que escribí hace años, cuando se hablaba de “crisis” por todos lados… y que hoy me apetece compartir.
¿Con qué emocionalidad miras a la actual situación económica, política y social?
¿Con miedo? ¿Con ira?
A pesar de que sean emociones comprensibles y de las que podemos dar buenas razones para seguir alimentándolas ¿realmente creemos que pueden ser beneficiosas si tenemos la meta e ilusión de construir una sociedad nueva?
Ante muchos acontecimientos, sobretodo en la época que estamos viviendo desde hace unos cuantos años (que muchos definen “crisis”) el miedo y la ira se apoderan de nosotros, como reacción a algo que pasó y que no elegimos directamente. Si es cierto que no elegimos dichas emociones, tenemos el poder de permanecer o salir de ellas si sospechamos que no aseguran que acontezca lo mejor en la relación conmigo mismo, con el otro y con la sociedad.
Considero que si realmente anhelamos crear algo nuevo sería conveniente y coherente hacerlo desde una emocionalidad nueva, alimentando la confianza y la benevolencia.
Todo pensamiento y emoción es energía que condiciona nuestras acciones y consecuentemente la realidad que creamos a nivel individual y colectivo.
Como dice el físico francés Jean Pierre Garnier Malet (Extracto de una entrevista Athanor. Marzo 2012): “ Todo aquello que hemos imaginado ha formado potenciales, buenos o malos, dependiendo de nuestra imaginación, y por ello estamos obligados a vivir las consecuencias de nuestra imaginación, que se tornan realidad. Es decir, que actualizamos todo ese futuro. Evidentemente, como siempre nos imaginamos cosas sensacionales, pacíficas, no violentas, nuestro porvenir será pacífico y no violento…. Sin embargo, si las personas se divirtieran construyendo potenciales peligrosos, agresivos y violentos, tendríamos un futuro agresivo, peligroso y violento…. Todo lo que pensamos es una energía. Si controlo bien mi pensamiento y pienso en hacer las cosas bien, fabrico un buen futuro, que cualquiera puede utilizar. .. Tengo que generar benevolencia, no violencia en mi pensamiento. Si controlo mi pensamiento, la violencia puede no tocarme… Hay que pensar en hacer a los demás lo que querríamos que los demás pensaran en hacernos a nosotros. Si todo el mundo hiciera esto no habría ningún peligro en el futuro”…….
Cada vez hay más evidencias científicas de que las reglas que rigen el comportamiento más básico de la materia (los quantum) son las mismas leyes que actúan en la conciencia humana.
La idea más revolucionaria de la física cuántica es que el observador cuando interactúa con el medio en él que está, lo transforma por el simple hecho de percibirlo o evaluarlo; el famoso lema: “el observador modifica el observado”.
Es decir, nuestras emociones, pensamientos, valores, acciones participan en crear la realidad. Tal y como hemos co-creado el sistema actual, ahora tenemos la oportunidad de ralentizar el caos y crear una nueva realidad si elegimos alimentar cierto tipo de pensamientos y emociones que a su vez impulsan determinados tipos de acciones.
¡Controlar los pensamientos y emociones no quiere decir reprimirlos!
Cualquier forma de represión o exclusión tiene efectos indeseados si lo que buscamos es un estado de bienestar con uno mismo y armonía con el otro. Además parece ser que crea justo el efecto contrario, es decir, atraigo lo que estoy reprimiendo o excluyendo.
En el trabajo de constelaciones familiares, por ejemplo, rige una ley sistémica según la cual, cuando se excluye a alguien de su propio sistema familiar, por muy “malo” que haya sido, hay repercusiones sistémicas sobre los demás integrantes del sistema.
Además, la rabia también tiene su fuerza, que nos puede impulsar a la acción; el miedo su utilidad, para que el arriesgar no sea alocado. Es más, a mí personalmente me sirve tener momentos en que saco la rabia incluso mandando a la mierda a alguien.
Pero cuando la rabia se transforma en ira y el miedo se apodera de nosotros, ello puede provocar resentimiento, resignación, violencia etc. que destruyen en lugar de crear. No se trata de reprimir estas emociones (si es que fuera posible) ni de juzgarnos cuando las tenemos o juzgar a quien las tenga, sino de elegir, si le vemos sentido, sentirlas y salir de ellas y alimentar otras emociones que facilitan un accionar más constructivo y responsable.
El coach, entre otras cosas, acompaña a sus clientes a transitar hacia una emocionalidad que le aleja del sufrimiento y le proporciona bienestar con uno mismo y con los otros.
Pensemos con benevolencia y atraeremos más benevolencia.
Comprendo que según para quien, en este momento es difícil mirar con benevolencia a distintos colectivos como los políticos o los banqueros a los que apuntamos con dedo acusador. Es cierto que realmente tienen mucha responsabilidad en haber creado el sistema al que pertenecemos todos y comparto el pedir que asuman su responsabilidad y que nos movamos para que salgan de su lugar de poder.
¿Pero realmente necesitamos el enfado, la ira, el desprecio para pedir y participar en generar un cambio?
¿Qué tal transformar esta rabia en determinación para crear lo que deseamos?
Y además, ¿realmente nos sentimos tan “inocentes”? ¿Estamos totalmente cómodos ubicándonos en el bando de los “buenos” y colocando a otros entre los “malos”?
Reflexionemos: ¿Quién ha votado a nuestros representantes? ¿Quién los ha mantenido en el poder? ¿Quién ha ingresado sus ahorros en las entidades bancarias? ¿Quién se ha informado sobre las inversiones que con su propio dinero el banco iba a financiar? ¿Quién no ha querido vender su piso al precio más alto de mercado? ¿Quién no ha querido que sus ahorros le generaran más y más dinero? Y un largo etcetera…
Es decir ¿realmente sentimos que no tenemos “ninguna” responsabilidad sobre lo que está ocurriendo en nuestros países?
¿Queremos concentrarnos en calcular los porcentajes de responsabilidad o que cada uno se haga responsable de su parte, por pequeña que sea?
¿Qué tal si pudiéramos mirar con benevolencia a cualquiera, reconociendo su “humanidad”, a la vez que reconocemos la nuestra que, a través de nuestras acciones y no acciones, también ha participado en dibujar el mundo tal y como está ahora?
Esta mirada “luminosa” hacia el otro y hacia nosotros mismos, no exime de responsabilidades, ni el tener que asumir las consecuencias de según qué acción; tampoco anula nuestro poder de acción. Y tampoco excluye a la sombra que todos tenemos.
Considero que tiene mucho sentido pedir por ejemplo que quienes “robaron” o favorecieron que otros lo hicieran asuman por un lado las consecuencias de sus elecciones y por otro dejen de ocupar los lugares de poder.
La propuesta es poner la intención en hacer estas peticiones no desde la “ira”, por muy legítima que sea, sino de una emocionalidad nueva, más constructiva, realmente revolucionaria. Una emocionalidad nueva y verdadera; no en plan “Gandhi por fuerza y sintiendo desprecio por dentro”…. Ante todo genuinidad y honestidad… si hay odio, resentimiento, rabia, etc.. los hay.. primero hay que reconocerlo y aceptarlos.
Es más, no se trata solamente de pedir al otro que asuma su responsabilidad, sino a la vez mirar nuestra parte de responsabilidad.
La otra cara de la responsabilidad es el “poder”; y sólo cuando asumimos nuestra parte de responsabilidad en haber co-creado un determinado sistema tomamos conciencia de que a la vez tenemos el poder, individual y colectivo para cambiarlo.
Y el poder no es el poder del ego; el “poder” nunca se opone a nada, se posiciona, actúa, perdona y se entrega.
La benevolencia no es una energía pasiva; no tiene nada que ver con la resignación. Es una energía que asiente a lo que es, sin lucha. Desde esa aceptación de “lo que es” ahora el mundo, conscientes de nuestra responsabilidad y poder, podemos actuar para contribuir a crear un mundo nuevo con humildad.
Con la humildad de quien no “pretende” cambiar las cosas, sino vivir en paz y benevolencia con uno mismo y con el otro y tal vez las cosas cambien.
En ese proceso de “construcción” considero que no sólo es importante el objeto de la construcción, el “qué”, sino también el “cómo”.
¿Qué emocionalidad queremos que nos acompañe en ese proceso de construcción?
¿Queremos concentrarnos en lo que queremos construir o en lo que queremos destruir?
¿Sin negar el dolor, queremos transcenderlo o preferimos permanecer en la resignación?
¿Sin negar responsabilidades propias y ajenas y la rabia que ello pueda generar, queremos alimentar esa rabia y la culpa por las acciones del pasado o mirar hacia lo que podemos hacer desde el presente y de cara al futuro?
¿Queremos cantar de alegría mientras construimos algo nuevo y más coherente con nuestros valores o queremos solamente quejarnos y enfadarnos por los ladrillos que no se pusieron en el pasado?
¿Queremos disfrutar de los compañeros que nos quieren acompañar en esa construcción o focalizar la atención en los que deciden emprender otros caminos?
¿Queremos empezar a recorrer un camino nuevo solamente si podemos alcanzar la meta en nuestra vida, o queremos empezar a caminar de manera diferente porque esto nos lo dicta nuestra conciencia, más allá de que los resultados los veamos nosotros, nuestros hijos, nuestros nietos o quién sabe si y cuándo?
¡Es nuestra la elección de construir el qué y el cómo!
¡De nosotros depende el respeto para los que hagan elecciones diferentes a las nuestras!
Stefania Stiscia